"Sólo sé que no sé nada" Sócrates. Aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir. Cuando esto aprendas estarás andando por la senda de la sabiduría.

jueves, 6 de julio de 2017

El Ama

EL AMA
José María Gabriel y Galán
I

Yo aprendí en el hogar en qué se funda
la dicha más perfecta,
y para hacerla mía
quise yo ser como mi padre era
y busqué una mujer como mi madre
entre las hijas de mi hidalga tierra.
Y fui como mi padre, y fue mi esposa
viviente imagen de la madre muerta.
¡Un milagro de Dios, que ver me hizo
otra mujer como la santa aquella!
Compartían mis únicos amores
la amante compañera,
la patria idolatrada,
la casa solariega,
con la heredada historia,
con la heredada hacienda.
¡Qué buena era la esposa
y qué feraz mi tierra!
¡Qué alegre era mi casa
y qué sana mi hacienda,
y con qué solidez estaba unida
la tradición de la honradez a ellas!
Una sencilla labradora, humilde,
hija de oscura castellana aldea;
una mujer trabajadora, honrada,
cristiana, amable, carñosa y seria,
trocó mi casa en adorable idilio
que no pudo soñar ningún poeta.
¡Oh, cómo se suaviza
el penoso tragín de las faenas
cuando hay amor en casa
y con él mucho pan se amasa en ella
para los pobres que a su sombra viven,
para los pobres que por ella bregan!
¡Y cuánto lo agradecen, sin decirlo,
y cuánto por la casa se interesan,
y cómo ellos la cuidan,
y cómo Dios la aumenta!
Todo lo pudo la mujer cristiana,
logrólo todo la mujer discreta.
La vida en la alquería
giraba en torno de ella
pacífica y amable,
monótona y serena...
¡Y cómo la alegría y el trabajo
donde está la virtud se compenetran!
Lavando en el regato cristalino
cantaban las mozuelas,
y cantaba en los valles el vaquero,
y cantaban los mozos en las tierras,
y el aguador camino de la fuente,
y el cabrerillo en la pelada cuesta...
¡Y yo también cantaba,
que ella y el campo hiciéronme poeta!
Cantaba el equilibrio
de aquel alma serena
como los anchos cielos,
como los campos de mi amada tierra;
y cantaba también aquellos campos,
los de las pardas, onduladas cuestas,
los de los mares de enceradas mieses,
los de las mudas perspectivas serias,
los de las castas soledades hondas,
los de las grises lontananzas muertas...
El alma se empapaba
en la solemne clásica grandeza
que llenaba los ámbitos abiertos
del cielo y de la tierra.
¡Qué placido el ambiente,
qué tranquilo el paisaje, qué serena
la atmósfera azulada se extendía
por sobre el haz de la llanura inmensa!
La brisa de la tarde
meneaba, amorosa, la alameda,
los zarzales floridos del cercado,
los guindos de la vega,
las mieses de la hoja,
la copa verde de la encina vieja...
¡Monorrítmica música del llano,
qué grato tu sonar, qué dulce era!
La gaita del pastor en la colina
lloraba las tonadas de la tierra,
cargadas de dulzuras,
cargadas de monótonas tristezas,
y dentro del sentido
caían las cadencias
como doradas gotas
de dulce miel que del panal fluyeran.
La vida era solemne;
puro y sereno el pensamiento era;
sosegado el sentir, como las brisas;
mudo y fuerte el amor, mansas las penas,
austeros los placeres,
raigadas las creencias,
sabroso el pan, reparador el sueño,
fácil el bien y pura la conciencia.
¡Qué deseos el alma
tenía de ser buena
y cómo se llenaba de ternura
cuando Dios le decía que lo era!

II

Pero bien se conoce
que ya no vive ella;
el corazón, la vida de la casa
que alegraba el tragín de las tareas,
la mano bienhechora
que con las sales de enseñanzas buenas
amasó tanto pan para los pobres
que regaban, sudando, nuestra hacienda.
¡La vida en la alquería
se tiñó para siempre de tristeza!
Ya no alegran los mozos la besana
con las dulces tonadas de la tierra,
que al paso perezoso de las yuntas
ajustaban sus lánguidas cadencias.
Mudos de casa salen,
mudos pasan el día en sus faenas,
tristes y mudos vuelven
y sin decirse una palabra cenan;
que está el aire de casa
cargado de tristeza,
y palabras y ruidos importunan
la rumia sosegada de las penas.
Y rezamos reunidos el rosario
sin decirnos por quién..., pero es por ella,
que aunque ya no su voz a orar nos llama,
su recuerdo querido nos congrega,
y nos pone el rosario entre los dedos
y las santas plegarias en la lengua.
¡Qué días y qué noches!
¡Con cuánta lentitud las horas ruedan
por encima del alma que está sola
llorando en las tinieblas!
Las sales de mis lágrimas amargan
el pan que me alimenta;
me cansa el movimiento,
me pesan las faenas,
la casa me entristece
y he perdido el cariño de la hacienda.
¡Qué me importan los bienes
si he perdido mi dulce compañera!
¡Qué compasión me tiene mis criados
que ayer me vieron con el alma llena
de alegrías sin fin que rebosaban
y suyas también eran!
Hasta el hosco pastor de mis ganados,
que ha medido la hondura de mi pena,
si llego a su majada
baja los ojos y ni hablar quisiera;
y dice al despedirme: «Ánimo, amo;
"haiga" mucho valor y "haiga pacencia"...»
Y le tiembla la voz cuando lo dice
y se enjuga una lágrima sincera,
que en la manga de la áspera zamarra
temblando se le queda...
¡Me ahogan estas cosas,
me matan de dolor estas escenas!
¡Que me anime, pretende, y él no sabe
que de su choza en la techumbre negra
le he visto yo escondida
la dulce gaita aquélla
que cargaba el sentido de dulzura
y llenaba los aires de cadencias!...
¿Por qué ya no la toca?
¿Por qué los campos su tañer no alegra?
Y el atrevido vaquerillo sano,
que amaba a una mozuela
de aquellas que trajinan en la casa,
¿por qué no ha vuelto a verla?
¿Por qué no canta en los tranquilos valles?
¿Por qué no silba con la misma fuerza?
¿Por qué no quiere restallar la honda?
¿Por qué esta muda la habladorara legua
que al amo le contaba sus sentires
cuando el amo le daba su licencia?
«¡El ama era una santa!»...,
me dicen todos cuando me hablan de ella.
«¡Santa, santa!», me ha dicho
el viejo señor cura de la aldea,
aquel que le pedía
las limosnas secretas
que de tantos hogares ahuyentaban
las hambres y los fríos y las penas.
¡Por eso los mendigos
que llegan a mi puerta
llorando se descubren
y un padrenuestro por el «ama» rezan!
El velo del dolor me ha oscurecido
la luz de la belleza.
Ya no saben hundirse mis pulilas
en la visión serena
de los espacios hondos,
puros y azules, de extensión inmensa.
Ya no sé traducir la poesía,
ni del alma en la médula me entra
la inmensa melodía del silencio
que en la llanura quieta
parece que descansa,
parece que se acuesta.
Será puro el ambiente, como antes,
y la atmósfera azul será serena,
y la brisa amorosa
moverá con sus alas la alameda,
los zarzales floridos,
los guindos de la vega,
las mieses de la hoja,
la copa verde de la encina vieja...
Y mugirán los tristes becerrillos,
lamentando el destete, en la pradera,
y la de alegres recentales dulces
tropa gentil escalará la cuesta
balando plañideros
al pie de las dulcísimas ovejas;
y cantará en el monte la abubilla,
y en los aires la alondra mañanera
seguirá derritiédose en gorjeos,
musical filigrana de su lengua...
Y la vida solemne de los mundos
seguirá su carrera
monótona, inmutable,
magnífica, serena...
Mas ¿qué me importa todo,
si el vivir de los mundos no me alegra,
ni el ambiente me baña en bienestares,
ni las brisas a música me suenan,
ni el cantar de los pájaros del monte
estimula mi lengua,
ni me mueve a ambición la perspectiva
de la abundante próxima cosecha,
ni el vigor de mis bueyes me envanece,
ni el paso del caballo me recrea,
ni me embriaga el olor de las majadas,
ni con vértigos dulces me deleitan
el perfume del heno que madura
y el perfume del trigo que se encera?
Resbala sobre mí sin agitarme
la dulce poesía en que se impregnan
la llanura sin fin, toda quietudes,
y el magnífico cielo, todo estrellas,
y ya mover no pueden
mi alma de poeta,
ni las de mayo auroras nacarinas
con húmedos vapores en las vegas,
con cánticos de alondra y con efluvios
de rociadas frescas,
ni éstos de otoño atardeceres dulces
de manso resbalar, pura tristeza
de la luz que se muere
y el paisaje borroso que se queja...
ni las noches románticas de julio,
magníficas, espléndidas,
cargadas de silencios rumorosos
y de sanos perfumes de las eras;
noches para el amor, para la rumia
de las grandes ideas,
que a la cumbre al llegar de las alturas
se hermanan y se besan...
¡Cómo tendré yo el alma,
que resbala sobre ella
la dulce poesía de mis campos
como el agua resbala por la piedra!
Vuestra paz era imagen de mi vida,
¡oh campos de mi tierra!
Pero la vida se me puso triste
y su imagen de ahora ya no es esa:
en mi casa, es el frío de mi alcoba,
es el llanto vertido en sus tinieblas;
en el campo, es el árido camino
del barbecho sin fin que amarillea.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 

Pero yo ya sé hablar como mi madre
y digo como ella
cuando la vida se le puso triste:
«¡Dios lo ha querido así! ¡Bendito sea!»

sábado, 1 de julio de 2017

Silva Criolla, Francisco Lazo Martí


Silva criolla

Francisco Lazo Martí

Invitación 
A un bardo amigo

I

 Es tiempo de que vuelvas: 
es tiempo de que tornes... 
No más de insano amor en festines, 
con mirto y rosa y pálidos jazmines 
tu pecho varonil, tu pecho exornes.
II
Es tiempo de que vuelvas... 
Tu alma –pobre alondra—se desvive 
por el beso de amor de aquella lumbre 
deleite de sus alas. Desde lejos 
la nostalgia te acecha. Tu camino 
se borrará de súbito en su sombra... 
Y voz doliente de las horas tristes, 
y del mal vivir oculto dardo, 
el recuerdo que arraiga y nunca muere, 
el recuerdo que hiere, 
hará sangrar tu corazón, ¿Oh Bardo!
III
No más a los afanes de la corte 
humilles la altivez de tus instintos, 
ni turbe de tus noches la armonía 
falaz visión de pórticos y plintos, 
y fúlgida terraza como el día. 
Deja que de los años la faena 
los palacios derrumbe, 
donde el placer es vórtice que atrae 
y deslumbrada la virtud sucumbe.
IV
 Ven de nuevo a tus pampas. Abandonada 
el brumoso horizonte 
de apiñadas cumbres se corona. 
Lejos del igneo monte 
ven a colgar tu tienda. Ven felice, 
ven a dormir en calma tus quebrantos, 
y como el sol de la desierta zona 
en viva inspiración ardan tus cantos.
V
Guárdate de las cumbres... 
Colosales, enhiestas y sombrías 
las montañas serán eternamente 
la brumosa pantalla de tus días. 
Deja para otra gente 
el gozo de mirar picos abruptos, 
y queden para ti las alegrías 
de ver, al despertar, alba naciente, 
y de abrazar con sólo una mirada, 
del Sur al Setentrión, y del ocaso 
hasta el fúlgido Oriente, 
la línea, el ancho lote, siempre al raso, 
de la tierra natal.
VI
!Ah! de las cumbres, 
baja la nieve a entumecer las almas: 
las almas que han soñado en el desierto 
a la rebelde de sombra de las palmas 
y bajo el cielo azul, claro y abierto.
VII
 Libra tu juventud! el rumbo tuerce 
de la fastuosa vía 
en la que el vicio su atracción ejerce 
y se tiñe de rosa la falsía: 
donde el amor procaz vive a su antojo, 
y cubierta de pámpanos la frente 
celebra en la locura del despojo 
parda penumbra y carnación turgente. 
Si es oro la lisonja al bravo y fiero 
Señor– de cuantos míseros se humillan – 
desprecia el arte vil, por lisonjero, 
en que nombres y almas se mancillan; 
y si quieres al fin que no te alcance 
de la vergüenza el dardo, 
de igual manera que al hiriente cardo, 
a la pasión venal esquiva el lance.
VIII
 Es tiempo de que vuelvas: 
es tiempo de que tornes. 
No más de insano amor en los festines 
con mirto y rosa y pálidos jazmines 
tu pecho varonil, tu pecho exornes

IX
Torna a soplar del Este
el viento alegre y zumbador. 
Ondea cual agitada veste
el sedoso follaje. 
El sol orea la charca pantanosa,
y por el reino de la luz pasea
legión de garzas de plumaje rosa.

Florecer es amar… Sobre la falda
de las toscas malezas entreteje
la parásita en flor, áurea guirnalda;
cuelga blanco vellón, de su costado
el nido comenzado;
regio collar de abiertas campanillas
la trepadora mazadaza enreda,
y en dos porciones de oraza rota,
despide al aura leda,
del nevado cairel de su bellota
trenza brillante el orozul de seda.

Tras la menuda flor cuaja el uvero
su gajo tempranero;
sus nacarados frutos en el limo
el punzador curujujul engendra;
la maya erige colosal racimo
y desprende el merey sabrosa almendra;
señuelo de su copa en lozanía,
escondidos granates el orore
en mil estuches cría;
emulando la escarcha
el espinito su jazmín esteray del verde mogote en la cimera
abre su flor simbólica la parcha.

En el aire, en la luz, en cuanto vive,
amor su aliento exhala;
y su aliento febril –tras el espeso
ramaje que es baluarte y es escala—
estremece del pájaro travieso
el mullido pulmón bajo del ala.

Torrente luminoso
de cumbre cenital se precipita;
del árbol generoso
la regalada sombra al sueño invita;
por el margen del caño
espárcese el rebaño;

tiemblan reverberando los confines,
y borracha de sol y miel llanera,
celeste mariposa mensajera
batiendo va sus cuatro banderines.

X

Ya no viene bramando cual solía
al declinar el día,
por uno y otro rumbo la vacada;
ni plantado en mitad del paradero
escarba y muge fiero
el toro padre de cerviz cuajada.

Ya no turba el reposo de los hatos
madrugador lucero;
ni despiertan el eco adormecido
el amante reclamo del bramido
a la par de la copla del vaquero.

A más benigno suelo,
a más fértil región de aguas profundas
y de lucientes pastos regalados,
a las islas distantes y fecundas,
fuéronse al fin pastores y ganados.

¡Cantando una tonada clamorosa
y bajo el fiero sol de la sabana,
al paso lento de la res morosa
con rumbo al Sur cruzó la caravana!

XI

Ya dos veces, monstruoso y despiadado
sobre la tierra pródiga, el incendio
su abanico flamante ha desplegado;
ya dos veces, por furias impelido,
las yerbas infecundas
su aliento abrasador ha consumido;
y de pie sin cejar, y frente a frente
con el río que impasible está delante,
humo y llamas lanzando su turbante
ha brillado en las noches del desierto
como si fuera un faro ignipotente
clavado en la ribera de un mar muerto.

En línea de combate, a campo raso,
pronta la garra, la mirada alerta,
hambrientos gavilanes, paso a paso,
asediaron del fuego la reyerta.

Consume aún su aliento las entrañas
de los troncos vetustos;
fluye sutil fermento de las cañas
y blanda mirra lloran los arbustos.

Coronando el pavés de la macolla
sangriento cardenal bate sus alas;
las consumidas galas
vertiginoso remolino arrolla;
y sobre el lienzo oscuro del quemado,
de perfiles grotescos,
la ceniza y el aura han dibujado
flores grises y rotos arabescos.

Cuando mengüe la Luna habrá verdores
en el fresco bajío;
y cerriles hatajos corredores
y venado bisoño,
en las tempranas horas del rocío
alegres pacerán tiernos retoños.

XII

La riente primavera,
Primavera fugaz, del sol amiga;
La que lluvia de flores le prodiga
Al monte y la pradera,
También como la hierba al pobre arbusto
la primorosa dádiva recibe,
y de su escasa floración primera
el botón más hermoso
prende sobre el cabello revoltoso
la inocente muchacha sabanera.

¡Oh florida estación! Haced que nunca
turbe dolor violento
la paz de mis nacientes alegrías…
Y cuando vuele al fin mi pensamiento,
cuando vuele hacia allá, cuando yo muera,
que sea su compañera
la más brillante aurora de tus días!.

XIII

En estas dulces tardes veraniegas,
cuando el sol, que se va, desde lejano
purpurino confín, luz moribunda
esparce por el llano,
y del boscaje todo rumoroso,
y de un amor desconocido en alas,
por el aire sutil suben serenas
la canción funeral de las chicharras
y la ronca canción de las colmenas;
cuando apaga el purpúreo sangriento
y brota el color gris al horizonte
baña de nuevo en rojo
la columna de fuego que calcina
la tostada maleza del rastrojo.

XIV

Al tornar frescos hálitos del Norte,
del país de la nieve,
en junco silbador y hora leve
tendrá el estero florida corte.

Al pie de sus ganados,
y cuando caiga la primera bruma,
volverán los pastores emigrados;
volverán las vacadas
a repletar las cercas, y de espuma
a coronar los botes,
la linfa de las ubres ordeñadas.

Concertará de nuevo la alegría
el coro de las voces;
tras la recia labor –ya muerto el día—
caballeros veloces
partirán la amorosa romería;
y al calor del brasero,
cuando la noche pavorosa avance,
cantando irán de trovador llanero
la copla, el tono triste y el romance.

XV

Sin amor, sin deber ¿qué existencia?
¡Es tiempo aún de combatir!  Procura,
Oh Bardo sin ventura,
Que cese al fin tu dilatada ausencia!

¡Es tiempo aún de combatir! Acude,
ven a luchar con juveniles bríos
por el bien de la raza cuyos lares
consagra el almo sol junto a los ríos
y cerca de los próvidos palmares.
Por el bien de la raza que abandona
El rincón sin azares…

Por amor a tu raza en desventura;
por esta pobre tierra,
que el maléfico genio de la guerra
convierte ya en enorme sepultura;
por estos seres buenos y sencillos;
por este pueblo amado,
que vive –noble víctima—entregado
a la ciega ambición de los caudillos.


XVI

Tus pasos vuelva hacia el hogar, ¡oh Bardo!
Yace por tierra el matizado velo
con el cual primavera engalanaba
los montes de tu suelo.
Cantando sin reposo le
pide lluvias al cielo,
conquistan con la fuerza y la osadía
nidos para el invierno los turpiales;
en los ralos matales
mueve el amor trinada algarabía;
y con tesón rayano en el enojo,
en la verde oquedad de la montaña
el carpintero de bonete rojo
cincela el tronco hasta la dura entraña.

Nueva decoración y nuevo encanto
lucen las atrayentes lejanías
que tu espíritu amó con amor santo.

Grises tapicerías cubren el horizonte. 
La llanura tiene otra vez reverdecido manto.

Como en aquellos días
del venturoso tiempo ya lejano,
en pos de mis pasadas alegrías,
vuelvo a tender la vista sobre el llano.

Caído en la remota lontananza
sin su manto de gloria,
el moribundo sol parece un cirio
que alumbrase honda cámara mortuoria.

El viento, sin rumor, apenas riza
la silente laguna en cuyo espejo
invisible dolor vertió ceniza;
y con vuelo despacio,
de la tarde a los pálidos reflejos,
las garzas que se irán, que se irán lejos,
pueblan de cruces blancas el espacio.

Hoy como ayer, andando a la ventura,
absorta la mirada, lento el paso,
trayendo margaritas del Ocaso,
miro bajar la noche a la llanura.

Mas de pronto pensando que fue triste,
pensando con dolor, pensando en ella,
me arrodillo en el polvo del camino
que en hora igual de gozo vespertino
recibió las caricias de su huella.

¡Oh destino de todos los que amaron!
¡Oh destino cruel! ¡Tú me condenas
a buscar en las móviles arenas
unas huellas que ha tiempo se borraron!

Llanura o cielo, cúspide o abismo;
¡santa Naturaleza!
para el dolor que vivo en tu grandeza
¿cuál palabra mejor que tu mutismo?

¡Oh Madre! El áureo broche de tus días,
y tus campos que amó la primavera,
retienen prisionera el alma de mis muertas alegrías!

Hoy como ayer, y de la noche oscura
bajo la inmensa nave,
en tono triste, quejumbroso y grave
brota doliente canto en la llanura;
y trae breve silencio, cual sonoro
trueno de burlas el cantar vecino,
en son de fiesta, alcaravanes pardos,
abierta el ala de purpúreos dardos,
rompen a carcajadas en su trino.

De pavura o dolor, el grave canto
y la seguida estrepitosa burla,
de crueldad casi humana,
hieren mi corazón, lo hieren tanto
que anheloso y de prisa me levando
a mirar si está sola la sabana.

XVII

¡A meditar no acude cual solía
dulce melancolía
en la tumba del sol! Es la tristeza
la que doliente se arrodilla y reza
cuando, para dormir, desmaya el día

Ya las noches no son como eran ellas
propicias al amor. 
El cielo oscuro a las almas no atrae. ¡Grietado muro, por él se asoman pávidas estrellas!

Ya no brilla inclinada hacia el Oriente
la hermosa Cruz del Sur. Barre las hojas
la ráfaga bravía,
y siguiendo la negra lejanía,
serpean ligeras llamaradas rojas.

XVIII

¡Es tiempo de que vuelvas!...
 ¡Sin mancilla
te aguarda el viejo amor! Viva te espera
del culto del hogar la fe sencilla.

¡Se fue la primavera!
Ruge amenazador trueno lejano
y de soles nublados, agorero,
la cenicienta garza del verano
tañe, al pasar su canto plañidero.

viernes, 30 de junio de 2017

Poema: Muere Lentamente

Muere lentamente. 
Pablo neruda 

Muere lentamente
 quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música
quien no encuentra
gracia en sí mismo.

Muere lentamente
quien destruye
 su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente
quien se transforma
 en esclavo del hábito
repitiendo todos los días
los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar
 el color de su vestimenta
o bien no conversa
con quien no conoce.

Muere lentamente
quien evita una pasión
y su remolino de emociones,
justamente éstas que regresan
el brillo a los ojos
y restauran los corazones destrozados.

Muere lentamente
quien no gira el volante
cuando está infeliz
 con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga
lo cierto ni lo incierto
 para ir atrás de un sueño
quien no se permite,
ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos......
¡ Vive hoy !
¡ Arriesga hoy !
¡Hazlo hoy !
¡ No te dejes morir lentamente !
¡ No te impidas ser feliz !

domingo, 11 de junio de 2017

Un Canto para Bolívar



Un Canto para Bolívar

Pablo Neruda

Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire
de toda nuestra extensa latitud silenciosa,
todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:
tu apellido la caña levanta a la dulzura,
el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,
el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,
la patata, el salitre, las sombras especiales,
las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,
todo lo nuestro viene de tu vida apagada,
tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,
tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.

Tu pequeño cadáver de capitán valiente
ha extendido en lo inmenso su metálica forma,
de pronto salen dedos tuyos entre la nieve
y el austral pescador saca a la luz de pronto
tu sonrisa, tu voz palpitando en las redes.

De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?
Roja será la rosa que recuerde tu paso.
Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?
Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.
Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?
Es roja la semilla de tu corazón vivo.

Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.
Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,
y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.
Y otra mano que tú no conociste entonces
viene también, Bolívar, a estrechar a la tuya:
de Teruel, de Madrid, del Jarama, del Ebro,
de la cárcel, del aire, de los muertos de España
llega esta mano roja que es hija de la tuya.

Capitán, combatiente, donde una boca
grita libertad, donde un oído escucha,
donde un soldado rojo rompe una frente parda,
donde un laurel de libres brota, donde una nueva
bandera se adorna con la sangre de nuestra insigne aurora,
Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.
Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo.
Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.
Los malvados atacan tu semilla de nuevo,
clavado en otra cruz está el hijo del hombre.

Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,
el laurel y la luz de tu ejército rojo
a través de la noche de América con tu mirada mira.
Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
más allá de las negras ciudades incendiadas,
tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:
tu ejército defiende las banderas sagradas:
la Libertad sacude las campanas sangrientas,
y un sonido terrible de dolores precede
la aurora enrojecida por la sangre del hombre.
Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.
La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,
de nuestra joven sangre venida de tu sangre
saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
"Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo".

miércoles, 7 de junio de 2017

Mario Benedetti: Vamos Juntos

Vamos juntos
Mario Benedetti


Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela



con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero



la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha



con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero



la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora



con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero



ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes



con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero



algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia



con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.



Porque nadie libera a nadie, 
nadie se libera solo,
todos nos liberamos juntos.

sábado, 3 de junio de 2017

Poema: La Felicidad


LUNES CÍVICO: Nuestra Despedida



LUNES CÍVICO
NUESTRA DESPEDIDA

"Todos tenemos un deber de amor que cumplir,.
una historia que nacer
una meta que alcanzar."
Gioconda Belli


Este Lunes Cívico del 05 de junio de 2017 tiene especial relevancia para nosotros, es el último de este grupo de treinta y nueve (39 ) estudiantes que conforman el Quinto Año de Educación Media General mención Ciencias de este expirante año escolar 2016-2017 y nos toca despedirnos, despedirlos. Comienzan desde hoy la partida del vuelo hacia otros espacios de la vida y no tenemos para ustedes un regalo cualquiera, sino les deseamos aquello que la mayoría no tiene; les deseamos tiempo, para reír y divertirse, si lo usan adecuadamente podrán obtener de él lo que quieran.

Les deseamos tiempo para que sus quehaceres y su pensar no sean sólo para ustedes mismos, sino también para dedicárselo a los demás.

Les deseamos tiempo no para apurarse y andar con prisas, sino para que siempre estén contentos.

Les deseamos tiempo no sólo para que transcurra, sino para que les quede.

Que les quede tiempo para asombrarse y tiempo para tener confianza.
Que les quede tiempo para que toquen las estrellas y tiempo para crecer.
Que les quede tiempo para ser usted mismo;
Que les quede tiempo, para tener esperanza una y otra vez,  y tiempo para amar, nunca para odiar ni para desearle mal a nadie.

Que les quede tiempo para comprender que no tiene sentido añorar.

Les deseamos tiempo para que se encuentren consigo mismo, para vivir cada día, cada hora, cada minuto, cada instante como un regalo.

Les deseamos tiempo para perdonar y para aceptar.

Les deseamos de corazón a corazón que tengan tiempo, tiempo para la vida y tiempo para su vida.

Muchachas, Muchachos:

- Les amamos y les deseamos lo suficiente. y se lo expresamos hoy en esta despedida porque tal vez cuando vuelvan, juntos o separados por este colegio, tal vez ya no estemos…

Les deseamos lo suficiente, y con ello les deseamos que tengan una vida llena únicamente de lo suficientemente bueno para vivir.

PRIMER AÑO: 

-Les desea que tengan suficiente sol para mantener sus espíritus brillantes,

SEGUNDO AÑO: 

- Les desea suficiente lluvia para que aprecien aún más el sol y suficiente sol para que aprecien más la lluvia,
TERCER AÑO:

-Les desea suficiente felicidad para que sus almas estén vibrantes de vida,

CUARTO AÑO:

-Les desea suficiente dolor para que las pequeñas alegrías de la vida parezcan más grandes,

EL PERSONAL DIRECTIVO, DOCENTE, ADMINISTRATIVO Y DE MANTENIMIENTO:

-Les desea que tengan suficientes ganancias que satisfagan sus necesidades y suficientes pérdidas para que aprecien todo lo que poseen.

MUCHACHAS, MUCHACHOS:

Todos les deseamos suficientes bienvenidas para que logren soportar las despedidas.

Y en base a la Rima LIII del poeta Gustavo Adolfo Becquer les digo:
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar...
Pero Docentes como los que aquí
te hemos querido...
Desengáñense...
¡Así...no los encontrarán!

Prof. Gonzalo V Solano L
Turmero, junio 05 de 2017



NOMINA DE ESTUDIANTES 5º AÑO EMG . AÑO ESCOLAR 2016-2017 PROMOCIÓN 53



Nº     Cédula      Sexo              Apellidos y Nombres
1    26978456     M LOPEZ BRICEÑO, GERARDO JOSE 
2    27286081     F  MEJIAS FLORES, VERUSKA ALEJANDRA
3    27369020    M  ROCHA GUAITA, ARTURO ENMANUEL
4    27402479    M ALFONSO ALVAREZ, OMAR YACKSON
5    27453417   M  SALAZAR HERMOSO, FRANK PABLO 
6    27520297   M  AGUILERA TERAN, ANGEL EDUARDO
7    27520382   M  VILLEGAS PARRA, LEIBERT JOAN
8    27520533   M   DIAZ MIJARES, GABRIEL ERNESTO
9    27520654   M  GUANIPA CENTENO, GABRIEL ALEJANDRO
10  27520769   M  LANZ PELEGRINA, FABRICIO ALEJANDRO
11  27520800   F   BIOMON BOADA, RUBMARI DEL VALLE 
12  27520920  M  ALBARRAN VALERO, GILLBERT DAVIEL
13  27520987  F   ALMEIDA HERNANDEZ, OSCARY ALBANY
14  27611579  F   ROJAS ALFARO, MELANIE DARAMI
15  27630525 M   FOFFER QUINTERO, BEIKER ALEXANDER
16  27646077 M   MARIN VALENZUELA, JEAN CARLOS
17  27646133 M   FLORES CABRERA, ELIEZER ALEXANDER
18  27646194 F    LUNA PAEZ, WHINEY YAHELYN
19  27646271 F    PLANCHEZ GOMEZ, GILLMAR ESTHELA
20  27646277 M  YEPEZ CORRALES, IRAN DAVID
21  27646342 M  NOGUERA RODRIGUEZ, SIMON JOSE
22  27646696 M  ARIAS MALDONADO, ALFONSO ALEJANDRO
23  27687308 F   SANCHEZ LUIS, LUZ MARINA
24  27864867 F   DE SOUSA GARMENDIA, CEYLIN NAZARETH
25  28023462 F   OJEDA RAMOS, VALEZCA ALEXANDRA
26  28023491 M  NUÑEZ VIANA, PABLO MOISES
27  28023811 M  VIVAS PEÑA, AARON JAHIRT
28  28024710 M MORENO IZARRA, JOVER JOSUE
29  28045031 F  MEDINA CAMPO, MARIA ISABEL
30  28097173 M FERNANDEZ DIAZ, OSMAN JESUS
31  28147460 F  MEDRANO FLORES, ALEXANDRA YHOLIMAR
32  28187183 F  MURGA VILLARREAL,YEXIBETH ALEXANDRA
33  28187857 M SANCHEZ MONSALVE, SERGIO ALEJANDRO
34  28249274 F  CARDOZO MENDOZA, SHAINY LUZMAR
35  28317043 F  VARGAS GARCIA, ORIANA CAROLINA
36  28432481 F  RONDON PEÑA, ALIRISMAR PAOLA 
37  29547376 F  SUAREZ AYALA, LALESHKA VIRGINIA
38  28148272 M MARTIN MARULANDA, MANUEL ALEJANDRO
39  28430860 M RONDON MIJARES, ROGER ALEJANDRO

domingo, 28 de mayo de 2017

Poema: Sublime Mujer





Sublime Mujer


Adornas con tu presencia 
los Bosques y las Praderas,
Margaritas, Crisantemos,
Girasoles y Violetas,
Mariposas a colores,
brisa fresca de tu risa,
eres como un Jardín de flores,
de todas la más bonita.

El Sol alumbra tu espacio
 entre Arboles y Plantas,
dándole a todo el color
 del color de tus encantos,
eres la Primavera 
adornando todo el campo,
sueño feliz de los hombres, .
Música, Verso, Canto.

La madre Naturaleza
 todo en ti ha creado,
desde las Aves del Cielo 
hasta el trinar del Canario,
vuelan obreras abejas
 y van libando tus labios,
creando el dulce panal 
que en tu boca han endulzado.

Nada se compara contigo,
mujer de labios rosados,
eres la mejor creación 
que nuestro Dios ha creado,
madre, esposa, hija fiel,
monumento adorado,
dicha de cualquier hombre,
el placer del que te ha amado.

No basta decir su nombre,
no basta describir sus encantos,
no basta mencionar sus Virtudes
 ni sus risas ni sus llantos,
no basta tenerla siempre 
como un objeto sagrado,
dos cosas son menesteres
 de todo lo aquí mencionado...
¡Respetarla y quererla
para que esté a tu lado!
David Fernández Fis

sábado, 27 de mayo de 2017

REFLEXIONES| El Loco


El loco

En un pueblito rodeado de montañas vivía un loco, la gente del pueblo le llamaba así: "EL LOCO", ¿y porqué le llamaban así, acaso hacía cosas disparatadas, cosas raras, cosas diferentes a lo que hace la mayoría de las personas, al menos en ese pueblo?.

La gente al verlo pasar se reía y se burlaba de él, humildemente vestido, sin posesiones, sin una casa de su propiedad, sin una esposa ni unos hijos; *un desdichado*, pensaba la gente, alguien que no beneficiaba a la sociedad, "un inútil"– comentaban otros–.

Más he aquí que este viejo ocupaba su vida sembrando árboles en todas partes donde pudiera, sembraba semillas de las cuales nunca vería ni las flores ni el fruto, y nadie le pagaba por ello y nadie se lo agradecía, nadie lo alentaba, por el contrario, era objeto de burla ante los demás.
Y así pasaba su vida, poniendo semillas, plantando arbolitos ante la burla de los demás. Y he aquí que ese ser era un gran Espíritu de Luz, que poniendo la muestra de como se deben hacer las cosas, sembrando, siempre sembrando sin esperar a ver el fruto, sin esperar a saborearlo.

Y sucedió que un día andaba de gira por esos rumbos el Presidente de la República de aquellos lugares, rodeado de su escolta y observaba lo que sucedía verdaderamente en su patria, para no escucharlo a través de la boca de sus ministros.
Al pasar por aquel lugar y al encontrarse al Loco le preguntó: _ ¿Qué haces, buen hombre?
Y el viejo le respondió: _ Sembrando Señor, sembrando.
Nuevamente inquirió el Presidente: –Pero, ¿cómo es que siembras?. estás viejo y cansado, y seguramente no verás siquiera el árbol cuando crezca. ¿Para qué siembras entonces?–.
A lo que el viejo contesto: –Señor, otros sembraron y he comido, es tiempo de que yo siembre para que otros coman–.
El Presidente quedó admirado de la sabiduría de aquel hombre al que llamaban LOCO, y nuevamente le preguntó:
_ Pero no verás los frutos, y aun sabiendo eso continuas sembrando... Por ello te rayudaremos, por esa gran lección que me has dado.
El Presidente  llamo a uno de sus guardias para que trajese una pequeña bolsa con monedas de oro u las entregó al sembrador.
El sembrador respondió : _Ves, Señor, como ya mi semilla ha dado fruto, aún no la acaba de sembrar y ya me está dando frutos, y aun más, si alguna persona se volviera loca como yo y se dedicara solamente a sembrar sin esperar los frutos sería el más maravilloso de todos los frutos que yo hubiera obtenido, porque siempre esperamos algo a cambio de lo que hacemos, porque siempre queremos que se nos devuelva igual que lo que hacemos. Esto, desde luego, sólo cuando consideramos que hacemos bien, y olvidándonos de lo malo que hacemos.

El Presidente le miró asombrado y le dijo : _ ¡Cuánta sabiduría y cuánto amor hay en ti!, ojalá hubiera más como tú en este mundo, con unos cuantos que hubiese, el mundo sería otro; más nuestros ojos tapados con unos velos propios de la humanidad, nos impiden ver la grandeza de seres como tu. Ahora me retiraré porque, si sigo conversando contigo, terminaré por darte todos mis tesoros, aunque sé que los emplearlas bien, tal vez mejor que yo. ¡Qué Dios te Bendiga!.

Y terminado esto, partió el Presidente junto con su comitiva, y el Loco siguió sembrando y no se supo de su fin, no se supo si terminó muerto y olvidado por ahí en algún cerro, pero él había cumplido su labor, realizó la misión, la misión de un Loco.

Reflexión:
Este cuento sirve para ilustrarnos lo que muchos seres hacen en este mundo, pero callados, sin esperar recompensa y he aquí que se requieren muchos locos en el mundo, seres que repartan la Luz, que den la enseñanza, que sean guías en este mundo tan hambriento de la enseñanza espiritual.