"Sólo sé que no sé nada" Sócrates. Aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir. Cuando esto aprendas estarás andando por la senda de la sabiduría.

domingo, 12 de febrero de 2017

El árbol amargado

Todo el mundo trata de realizar algo grande,
 pero la vida se compone de cosas pequeñas.





El árbol amargado


Hubo una vez un hermoso huerto, en algún lugar que puede ser cualquier lugar, y en un tiempo que puede ser cualquier tiempo, con mangos, naranjos, mamones y bellos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol gruñón, amargado, maldiciente y pesimista.

El pobre tenía un problema común, pero simple, no sabía quién era.
Lo que te falta es concentración, le decía el mango: 
 
- Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosos mangos. ¿miras lo fácil con que yo los tengo?
- No lo escuches, decía el rosal, es más sencillo que tengas rosas ¿Ves lo bella y perfumadas con que yo las tengo?. Si yo que soy arbusto puedo tenerlas, tú que eres árbol podrás tenerlas en abundancia, sólo tienes que empeñarte... 

Y el árbol desesperado intentaba todo lo que le sugerían y, como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado, más amargado.
Un día llegó el búho hasta el huerto y al oír las maldiciones y groserías del árbol, la más sabia de las aves, le expresó: 
 
- No te preocupes, tu problema no es tan grave. Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas... sé tú mismo, conócete y, para lograrlo, escucha tu voz interior, hazte amigo de ti mismo, ocúpate de tus asuntos, sin estarte entrometiendo ni vivir pendiente de lo que hacen o no hacen los demás.
- Y dicho esto, el búho desapareció.
- ¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...? , se preguntaba el árbol con amargura, cuando, de pronto, comprendió...
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:

Tú jamás darás mangos porque no eres un mango, ni tendrás rosas porque no eres un rosal. Eres un samán y tu destino es crecer grande y majestuoso, es dar cobijo a las aves, es tener a tus pies al gran Libertador sudamericano, es despertar admiración en el sabio Humboldt, es dar sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tú tienes una misión: cúmplela.

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo, se aceptó tal como es y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado.

De este modo, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el huerto fue completamente feliz.

Al ver a nuestro alrededor nos preguntamos:

- ¿Cuántos serán samanes que no se permiten a sí mismos crecer?
- ¿Cuántos serán rosales que, por miedo al reto, sólo dan espinas?

- ¿Cuántos serán naranjos que no saben florecer?

En la vida, todos tenemos una misión que cumplir, un espacio que llenar, una historia de amor por hacer...

No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser. Vamos a darnos ese regalo a nosotros mismos y a compartirlo con quienes amamos.